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Fidel Castro afirmó el 1 de mayo que estaban hechos cenizas los principios de la política exterior de México

Gerardo Arreola
La Jornada


En el mitin que conmemoró el Día Internacional de los Trabajadores, ante cientos de miles de cubanos, el presidente Fidel Castro lamentó hoy que el ''prestigio e influencia'' ganados por México con su política exterior ''hayan sido convertidos en cenizas''.

Castro no mencionó por su nombre al presidente Vicente Fox, pero le reprochó haber votado a favor de la resolución sobre Cuba adoptada el mes pasado en Ginebra, durante la reunión de la Comisión de Derechos Humanos (CDH) de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El líder cubano dijo textualmente: ''Duele profundamente que tanto prestigio e influencia ganados en América Latina y en el mundo por su intachable política internacional, emanada de una revolución verdadera y profunda, hayan sido convertidos en cenizas. Lo que es más humillante para México fue que las noticias relativas a su votación en Ginebra, tanto el día 17 como el 22 (de abril), eran anunciadas desde Washington'', añadió.

El jefe de Estado aludió en esa forma a los anuncios de las posiciones mexicanas, primero sobre la isla y luego sobre una propuesta cubana de enviar relatores de la CDH a la base estadunidense de Guantánamo, a examinar la situación de los presos ahí recluidos y que finalmente no llegó a votación.

Al hablar sobre México, el mandatario cubano puso el acento en la relación con Estados Unidos: ''La frontera de Estados Unidos con México no está ya en el río Bravo, del que hablaba Martí'', dijo. ''Estados Unidos está mucho más dentro de México''.

Con su habitual uniforme militar verde olivo, Castro habló en la tribuna de la Plaza de la Revolución durante casi dos horas, en parte leyendo un texto y en parte improvisando, sin acusar señales de fatiga, en una mañana de fuerte calor tropical.

La celebración del primero de mayo en Cuba está abandonando el formato del pasado (un desfile que cruzaba la plaza), para adoptar en los últimos años el de un mitin con números musicales, oradores extranjeros y una intervención del presidente Fidel Castro.

También es propia del último lustro la decisión de tomar la votación de Ginebra, que se repite cada abril, como leit motiv de los discursos.

Raúl Castro, hermano menor del presidente y segundo hombre al mando en el país, estuvo en primera fila en la concentración, contra su costumbre de décadas de encabezar el desfile de esta fecha en Santiago de Cuba, en el extremo oriental de la isla.

El mandatario cubano dijo que ''más de la mitad del territorio de México le fue arrebatada por su vecino del norte y enormes riesgos amenazan al que resta''. Evocó el cruento paso de braceros por la frontera norte –''la línea de la muerte''– y el peso de sus remesas por encima del ingreso petrolero: ''¿Acaso una situación tan desigual e injusta se resolverá votando resoluciones contra Cuba en Ginebra, y acusándola de violar los derechos humanos?'' La votación del caso cubano en la CDH ha provocado tensiones con el gobierno de México durante los últimos tres años. Además de Ginebra, en 2002 el conflicto por la asistencia de Castro a la cumbre de la ONU en Monterrey, y la revelación de su conversación telefónica con Fox, precipitaron la peor crisis bilateral.

Esta vez el discurso sigue a una disputa verbal entre ambas cancillerías, a raíz de la deportación a México desde Cuba del empresario Carlos Ahumada.

Transición y derechos humanos Como ha hecho en los últimos años, Castro aludió a su propia muerte como el momento en el que, según el gobierno de Estados Unidos, se produciría una transición en el sistema político cubano. Pero el mandatario descartó una ruptura semejante y dijo en cambio que ''los cubanos continuaremos librando nuestra lucha más decidida frente a los que se dan hasta el lujo de preconizar tránsitos políticos basados en la desaparición física de algunos de nosotros''.

El discurso de Fidel Castro coincidió con la fecha en la que se esperaba la entrega oficial al presidente estadunidense, George W. Bush, de un informe encargado al secretario de Estado, Colin Powell, sobre la política de Washington hacia La Habana y el futuro de la isla.

El presidente cubano dijo que de los siete países latinoamericanos que respaldaron el proyecto sobre Cuba en la CDH, a cuatro de ellos (Costa Rica, República Dominicana, Guatemala y Honduras) ''nadie los considera estados independientes'', y del presidente peruano, Alejandro Toledo, señaló que es ejemplo de ''abyección y dependencia''.

Agregó que no hablaría del gobierno de Ricardo Lagos, de Chile, y en cambio evocó al extinto mandatario Salvador Allende y los desaparecidos de la dictadura pinochetista.

Luego recordó que la Unión Europea votó en bloque, ''como mafia aliada y subordinada a Washington'', y pidió al gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero que, en la medida en que su antecesor José María Aznar promovió la presencia de tropas latinoamericanas en Irak, asuma el deber moral de repatriar esas fuerzas.

Trajo el ejemplo de Guantánamo, donde Estados Unidos retiene indefinidamente y sin estatuto legal a cientos de presos, tras la intervención en Afganistán, en ''uno de los más grotescos casos de violación a los derechos humanos que han tenido lugar en el mundo''.

Antes del presidente Castro, subieron a la tribuna sindicalistas de Honduras y Venezuela, y un emigrante mexicano en Estados Unidos, así como José Braulio García, del Sindicato Mexicano de Electricistas.
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